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Café de Arrieros



Turismo Rural Comunitario – Gerencia de Corregimientos

“Póngase ligerito este, mi sombrero, que es lo único que le falta” le decía Carlos a un visitante Mexicano que extasiado de expectativas por la experiencia que viviría, extravió aquel característico elemento montañero, que no sólo cubría del sol, sino también de los pensamientos negativos a los arrieros de Medellín, resguardando la moral, la verraquera y la energía para sus tantas y arduas tareas en las montañas paisas.


Era una mañana preciosa, las aves deleitaban nuestros oídos mientras nuestros ojos contemplaban los colores de los frutos, las plantas y aquellos paisajes en la vereda La Aldea, del corregimiento San Sebastián de Palmitas. Estábamos en la portada de la finca D´Arrieros, acompañando algunos extranjeros que entusiasmados por las maravillas de nuestro país, vinieron a conocer uno de los mejores cafés de Antioquia, y pa´ qué, pero yo me atrevo a decir, que de Colombia y del mundo.


Llegó el anfitrión, un montañero bien arremanga´o, lleno de retahílas y palabras rápidas, con pensamiento sagaz y un envolvente discurso que te lleva a una experiencia vivencial e imaginaria, digna de aplaudir y reconocer como referente del Turismo Rural Comunitario en Medellín. Y más, que es parte de la RED de Turismo de San Sebastián de Palmitas, que se creó y se fue consolidando desde el acompañamiento de la Gerencia de Corregimientos, en uno de sus apoyos a las crecientes dinámicas comunitarias enfocadas en los nuevos elementos del desarrollo local para San Sebastián de Palmitas (Turismo).


Mientras deleitaba con su cuentería a los presentes, todos íbamos colocándonos la parafernalia del arriero, para vivir un día como uno de estos ancestros montañeros que han dejado huella en estas tierras, y consolidaron la herencia pujante de esta ciudad (que aún es campo). Y así, empezamos el tour por un camino que ilustra los de herradura y nos llevaba a un cafetal lleno de magia, dónde aquel curioso personaje nos daba el contexto local sobre este cultivo y nos enseñaba de sus momentos y tiempos de cosechas, de siembra y de ciclos que componen ser parte de la economía agrícola de esta región. Allí, hasta yo mismo, después de tantas veces visitarlo, me dejaba sorprender por sus características, por lo simple que es la vida y lo compleja que nos parece, pues a veces somos como el café, en algún estado (verde, maduro, seco o disuelto) en qué somos nosotros mismos y nos desconocemos.


#ViveLosCorregimientos


#MontañerosDeMedellín


Así, avanzamos entre las sonrisas y ojos brillantes de los amigos europeos, asiáticos y americanos, que sorprendidos con los frutos de esta rica y fértil tierra, jadeaban de sed en el calor del cafetal y nos invitaban a llegar a la despulpadora, aquella herramienta simbólica de un campesino cafetero y que probablemente los andinos colombianos recordamos de nuestros ancestros. Y luego de manejarla bien y mal y varias veces por todos, llegábamos a la catación de cafés, un momento muy esperado que sorprendentemente fue anticipado por un refresco de los dioses, que sació más que la sed con su sabor a ruralidad y arrieros: el glorioso y frío mucílago de café con limón.


Entre la satisfacción de muchos, la repetición de bebida de otros y las siempre pendientes miradas de los asistentes hacia el anfitrión, se explicaban conceptos básicos del secado, molido y preparación del café de arrieros, y por fin, nos dan a elegir entre sabor “cherry” o “honey” para diluir en agua y dejar llegar el momento de servir y degustar.


Maravilloso”

“Exquisito”

“Después de vivirlo desde el fruto en crecimiento, te sabe mejor”

“Lo que sea que le de ese toque, es el secreto de su primoroso sabor”


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